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Fecha publicación: domingo, julio 03, 2016
Publicada por Neza Panorama Informativo

MUERTES RUTINARIAS


*Ejército en Capilla
*Chuayffet al Museo
Por Rafael Loret de Mola
(Premio Nacional de Periodismo 2015)
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Para el devaluado y señalado ex gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz, los tiroteos registrados durante el fin de semana del 19 al 21 de junio anterior y mantenidos los días subsecuentes, con saldos de varias decenas de muertos, fueron casi rutinarios y debieron observarse como “hechos aislados” aunque el número de víctimas sea impactante. En otras expresiones poco usuales en el vocabulario oficial, el ex mandatario repudiado y apenas alcanzado por “El Bronco” habló de “ajustes de cuentas” como si fuera parte de las redes delincuenciales y supiera los motivos de fondo que ocasionaron el violento finiquito de su régimen. ¿Fue ésta la manera de blindarse enviando un mensaje, de paso, a su sucesor, Jaime Rodríguez “El Bronco”, quien gobierna más solo que en el desierto en cuanto a la clase política y con menguante apoyo de la ciudadanía? Votaron por él, no se olvide, el 49 por ciento de los electores en una de las pocas regiones en donde NO venció el abstencionismo.
El señor Medina busca también cubrirse las espaldas respecto a los escándalos relacionados con sus movimientos inmobiliarios, sobre todo los que han estado a cargo de su padre, Humberto Medina Ainslie, de quien ha pretendido deslindarse alegando que cuanto éste ha labrado se debe a cuarenta y siete años de trabajo y por cuanto no es funcionario público es libre de hacer negocios y operaciones de acuerdo a sus intereses, lo mismo en el caso de sus hermanos igualmente “exitosos”... a partir de la entronización de Rodrigo. 
Por cierto, los neoleoneses recuerdan, con precisión, cómo el señor Medina de la Cruz optó por refugiarse, junto con su familia, en San Antonio, Texas, durante casi dos años; sólo retornaba a Monterrey, a despachar brevemente en Palacio de manera perentoria y con una guardia digna de uno de los grandes dictadores del continente. El miedo rebasaba la superficie por el dominio de los narcos quienes se daban el lujo de cerrar, cuando querían, las arterias principales de la capital de la entidad y colgar cadáveres, con leyendas grotescas, sobre los pasos peatonales y los desniveles. Daba la impresión de que la productiva Monterrey viajó hacia el pasado para aterrizar, la ciudad y sus habitantes, en los escenarios del Viejo Oeste con John Wayne a la cabeza. Total, el entonces embajador de los Estados Unidos en México también pudo formar parte de la coreografía por su nombre: Tony Wayne. 
Pero llegó el 4 de marzo de 2011 y los derroteros cambiaron. Ese día, un aniversario más de un PRI envalentonado por contar con un candidato mediático, el coahuilense Humberto Moreira Valdés, el hombre que más ha endeudado a su entidad para favorecer la campaña de enrique peña nieto, cobraba sus bonos asumiendo la presidencia del PRI nacional con una parafernalia digna de una estrella de cine, con bombardeos constantes para exaltar su personalidad y un discurso atemorizado de acuerdo al análisis de la mayor parte de los concurrentes. Pocos sabían, salvo la delegación de Coahuila que a esa misma hora Saltillo, la capital, era centro de tiroteos por doquier acreditados a las mafias que habían herido a Monterrey y parecían desplazarse hacia el oeste con tal de amedrentar a quien estaba señalado para ser quien hiciera los trabajos sucios a la vera de peña nieto. 
Poco después llegaron los incendios que devastaron los bosques de Coahuila como nunca antes y la frenética búsqueda de hilos conductores que permitieran confirmar los desvíos –que sí los hubo- desde las finanzas estatales; el escándalo fue tal que Moreira se marchó del PRI pero dejó a su heredero, su hermano mayor, Rubén, instalado en la gubernatura para asegurar el cacicazgo familiar aun cuando las desavenencias fraternales son peores a las que suelen darse entre los peores enemigos. Humberto se refugió de la paliza y Rubén siguió con la pistola al cinto con una gran capacidad de reacomodamiento. Ahora aseguran que ya tiene la confianza de peña y algunos de sus gobernados ya comienzan a sopesar –lo que sería una burla gigantesca a la democracia y la confirmación de la exaltación aristocrática- que alguno de sus hermanos, Carlos posiblemente, pudiera sucederlo para ligar tres sexenios al hilo bajo el mando de una madre autoritaria y entrometida que provoca el pánico entre su desbalagada descendencia. 
El hecho es que, a partir de aquel momento, Coahuila se incendió y Nuevo León pareció entrar en un letargo con Rodrigo Medina más tranquilo y hasta con presencia en Monterrey, en el Palacio de Gobierno, a pesar de algunas serias matanzas como la del Casino Royale con saldo de dieciséis muertos en agosto de 2011, precisamente. Pero ya aquel mal gobernador estaba más tranquilo, incluso para inmiscuir al hermano del alcalde panista, Manuel Jonás Larrazabal, quien recogía “tajos” de billetes en los centros de diversión para adultos concesionados por el fraterno presidente municipal, Fernando. El drama dio cauce a un forcejeo político del cual no se levanta aún Acción Nacional. Y Rodrigo Medina, más que contento.
Es un hecho que los familiares del mandatario neoleonés no fraguaron sus fortunas “antes” del periodo del que nos ocupamos sino durante el desarrollo del mismo; de igual manera, su tranquilidad obedeció a un acuerdo de tolerancia para posibilitar el trabajo de las mafias, que se fueron a conquistar Coahuila, sin bloqueos ni aparadores de terror por las avenidas de la ciudad más industrializada del país. Fue como si se hubiera cortado de tajo el sexenio de la impudicia: luego de dos años escondido, Rodrigo dio la cara y pudo asumir sus reales funciones aunque las matanzas no disminuyeran para ya no en el entorno del mandatario ni para manchar su imagen con escenas siniestras. Todo fue casi automático.
Y, a cambio de ello, el enriquecimiento familiar fue ilimitado. Comenzaron a descubrirse la adquisición de mansiones y fraccionamientos de lujo por las mismas manos que mecían la cuna del gobernador Medina y ya éste no tuvo más remedio que asimilar los golpes y dejarlos pasar hasta la victoria, el domingo 7 de junio de 2015, hace un año y un mes, del célebre Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, que derrapó por su exceso de cortesías a la figura presidencial pero no dejó de insistir que en cuanto a la aplicación de justicias no habría deslinde alguno y sería igual para todos, un recado muy sonoro a los oídos “castos” de Rodrigo. 
Esta es la razón y no otra por la que el ex mandatario Medina de la Cruz se muestra bastante rastrero en cuanto a la inevitable transición política y no sólo eso: exhibió por televisión cada una de sus escrituras aduciendo que nada tenía que ver con las adquisiciones de su padre y hermanos, personas físicas sometidas sólo a la legislación civil. Esto es: él responde por cuanto pueda demostrar que es suyo, aunque presente declaraciones en donde lo que tiene dista mucho de cuanto tenía hace siete años, aduciendo su capacidad personal para hacer negocios fuera del poder. Una miserable conclusión sin más fundamento que el cinismo extremo. 
Éste ha sido, sin duda, el primero y más trascendente de los desafíos de “El Bronco”, acaso bravucón en su campaña basada en su capacidad para no dejar títere con cabeza –mucho menos la de su predecesor-, para ganar credibilidad y fuerza dentro de su entidad y dando pasos para domeñar al potro del Congreso, priísta en su mayor parte para colmo, y a los alcaldes diversos entre los cuales muy pocos simpatizan con el personaje y navegan a contracorriente de la ciudadanía que, partida a la mitad, quieren y repelen a “El Bronco” en la misma proporción, sea para animarle a cumplir su palabra –en la que tantos creen a ojos cerrados, pero son cada vez menos pese al golpe mediático del embargo de los inmuebles de Medina-, como intentando construir trincheras para vigilarle y desarmarlo a la primera oportunidad; o, incluso, algo bastante peor. 
Para desgracia de todos, Nuevo León es espejo de los vaivenes de la política en la República. Digamos la brújula para comenzar a avizorar el futuro de un país tan incierto como su vida institucional. La guerra entre el gobierno central y la soberanía de los estados puede tener un adalid en Nuevo León si éste es capaz de enfrentarse a los bajos intereses que representan Medina de la Cruz y el PRI neoleonés abotargado todavía por la paliza recibida de un “independiente” que sostuvo más de treinta años su militancia priísta hasta que no soportó ser marginado por intereses corporativos, como ha sucedido en otros estados e incluso en la Presidencia de la República. 
Llama la atención que, a estas alturas, consumado no sin grandes desaseos el periodo electoral y con el INE atrapado en sus propias mentiras para justificar absurdos tales como la contabilidad del 100.68 por ciento de las casillas –una proeza de las matemáticas políticas-, la figura de “El Bronco” marque las pautas sobre cuanto debemos esperar del futuro inmediato. Si decepciona, no apostaría por su cabeza; pero si acierta, la carrera puede ser tan rápida que ni él mismo se daría cuenta hasta verse en la capital del país, al lado del Molino del Rey.
Mirador
Al confirmarse, plenamente, que el ejército intervino en la represión de Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014, la que marcó en definitiva al gobierno de peña nieto y deshizo la imagen del mismo en el exterior y la escasa solvencia de “nuestra” democracia. Pese a ello, los reyecitos de España –con sangre mexicana como expliqué en “El Alma También Enferma”, Fundación Loret de Mola 2014-, condecoraron al mandatario con bombo y platillos como suelen hacerlo: a contracorriente de la opinión general y como una suerte de desagravio para obtener mejores condiciones para los grandes inversionistas hispanos deseosos de hincarnos los dientes. Y peña, claro, agradeció sobradamente las lisonjas de una nación experta en ellas: otra vez los “espejitos”. 
Lo que ya no puede ocultarse es que las matanzas tienen sabor castrense: Tlatlaya, Iguala y Cocula, Apatzingán y, más recientemente, Puerto Vallarta y Tanhuato, Michoacán y Nochixtlán, recientemente. Son bastante más que rebatiñas si contamos a los cadáveres, unos acribillados en emboscadas y otros en asaltos simulados o ejecuciones sumarias sin que se llame a cuentas al secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, quien ya parece haberse separado de los señalamientos por el hecho de que en septiembre se estrenará una nueva Legislatura poco ilustrada sobre los acontecimientos y más inclinada por el partidismo en la Cámara baja con su nuevo ingrediente, la MORENA de López Obrador. 
El reconocimiento a que los mandos castrenses y la soldadesca intervinieron en los abusos sin nombre contra los normalistas de Ayotzinapa –el número 43 corresponde a un soldado en activo al momento de ser perseguido-, es reflejo de una dictadura más feroz que algunas sudamericanas y contraria a cualquier modelo democrático para horror del mundo. ¿No es momento para que la Comisión Nacional de Derechos Humanos designe a una comisión para que visite el tribunal de La Haya, en Holanda, y exponga los hechos sucintos? Ya hay demasiada tardanza. 
Con esta soga, nos atrevemos a señalar que la posibilidad de una toma militar del mando político ya no es una quimera. 
Por las Alcobas
Los muertos van al cementerio; y los muertos políticos, ¿a dónde deben ir? Unos aseguran que al ostracismo; pero, en ciertos casos, las complicidades son tantas que se anulan las coerciones merecidas. Tal ocurre, por ejemplo, con la voluminosa figura de Emilio Chuaffet Chemor, llamado la “daga” aunque en realidad deberíamos llamarlo el “Alfanje”, quien es capaz de decir una cosa antes de las elecciones y cambiar su versión, grotescamente, después. Y lo mismo cabría decir de su sucesor, Aurelio Nuño Mayer:
--¿Dónde los ponemos? –pregunté a un avispado político-.
--Pues en el Museo... con toda y su extensa colección de puñales... árabes. 
El primero en acompañarlos debería ser Manlio Fabio Beltrones, desechado ex presidente del PRI nacional.
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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UN TRIBUNAL ESPECIALIZADO PARA MANDATARIOS Y FUNCIONARIOS CON CARGOS DE ELECCIÓN POPULAR, PODRÍA, EN ALGO, RECUPERAR LA CREDIBILIDAD DE ÉSTOS... POR LOS SUELOS. CLARO, SI EL CONGRESO Y LOS JUECES NO SE ALINEAN COMO LOS BURDOS CONSEJEROS DEL INE CON EL RACISTA PRESIDENTE DE LOS MISMOS A LA CABEZA. 

Editor

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