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Fecha publicación: viernes, marzo 18, 2016
Publicada por Neza Panorama Informativo

CUESTIONES DEL PASADO


*Desafuero como Castigo
*Maquillajes de Andrés
Por Rafael Loret de Mola
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Cuestiones del pasado. ¿Recuerdan el genocidio de Tlatelolco? Para el sobrino de luis Echeverría, uno de los responsables directos del drama –absuelto por una tendenciosa actitud de los juzgadores sobre el único caso de enjuiciamiento a un ex mandatario mexicano-, el asunto debiera olvidarse bajo la premisa de que no es posible atenernos a las tragedias de antaño. Rodolfo Echeverría Ruiz me dijo, palabra tras palabra:



--¿Tiananmen? Los chinos ya lo dejaron atrás porque ven hacia el futuro; mientras, los mexicanos siguen vociferando “2 de octubre, no se olvida”. Claro que debemos abandonar esta idea para pensar en el mañana sin rencores ni prejuicios.



¿Entonces, la misma idea debe aplicarse a los asesinos seriales como el célebre “Egipcio”, a quien visité en el penal de Chihuahua, acusado de varios feminicidios? ¿Sencillamente lo dejamos fuera porque su entorno ya cambió y en Ciudad Juárez debe vivirse otra etapa en la que el referente constante sólo sirva para las oraciones del Papa Francisco? ¿La justicia debe ser perentoria y terminarse cuando ya no sea oportuna recordar los sucesos sangrientos?



Y más todavía, ¿cuánto tiempo se requiere para que un caso criminal viaje en el tiempo desde el presente al pasado? Lo digo porque, desde el momento mismo de cometerse, por ejemplo, un asesinato y conmoverse y arrepentirse por el mismo, deja de estar en el plano actual para dejarse atrapar por el pretérito. ¿O debe esperarse que los periódicos informen del hecho y luego se conviertan en envoltorios para darle a las informaciones la pátina del ayer y, por ende, el perdón social? 



Bueno, pues tal es la tesis del “probo” gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, empeñado en defender, hasta a ignominia, a su flamante procurador Roberto Flores Treviño a quien le “apareció” una ficha carcelaria en los Estados Unidos. El mandatario aludido alegó textualmente:
--“Nadie debe ser juzgado por su pasado”.



Como si fuese un filósofo griego sin distingo de cuánto debe entenderse por justicia plena. Para el neoleonés “Bronco” las cosas son como él manda y pobre de aquel que ose contradecirlo porque será reo eterno de las llamas de la persecución política. La intolerancia –como en los casos de peña y AMLO-, por encima de cualquier otro valor incluyendo la libertad y la democracia. Así gobierna el priísta que, al ser desairado por su partido no sé cuántas veces, optó por autodesignarse independiente con miras a ofrecer lo que no podía cumplir. Un cauce perdido para la ciudadanía –dos millones de personas- que creyó en él.



De seguir la teoría de “El Bronco” lo sucedido el 26 de agosto de 2011 cuando el Casino Royale de Monterrey fue bombardeado porque sus dueños no pagaron las “cuotas de seguridad” –unos 130 mil pesos mensuales- a los sicarios de los cárteles dominantes, ya es cosa del pasado y debe quedar atrás; y, en la misma línea, los desfalcos inmobiliarios de Rodrigo Medina de la Cruz y su padre Humberto Medina Ainslie, deben ser igualmente sepultados con suficiente tierra para que nadie pretenda exhumación alguna. Un “perdón” por cuestiones de tiempo y circunstancia. A este nivel llegan las perogrulladas de “El Bronco” que más bien confluyen hacia una aguda “bronquitis” cerebral.
En esta línea, la efeméride de hoy sobre la expropiación petrolera cardenista, sencillamente no existe. Es cuestión del pasado como lo es la figura del general que no permitió cohecho alguno como pretendían los insolentes dueños de las empresas, entonces inglesas en su mayoría, llenas de la sangre de sus trabajadores como siguen estando hoy las de quienes sostienen los emporios mineros gracias a la más miserable de las desigualdades sociales y las muertes de decenas de obreros con muy escasa protección enviados al infierno de las entrañas de la tierra acortando sus vidas por hablar de los males menores. 



No cuentan, tampoco, la “guerra de calderón” que arrojó un saldo de cien mil muertos acaso olvidados porque el peñismo va camino de superar la pila de cadáveres mientras Margarita Zavala se presenta con una sonrisa olvidándose de que fue ella quien intercedió para que su familia administrara el almacén, convertido en la Guardería ABC de Hermosillo, donde murieron quemados cuarenta y nuevo bebés y setenta más quedaron con secuelas para toda la vida. Bastaría mostrarle el rostro de uno solo de éstos, durante un mitin, para que la señora Zavala de calderón fuera señalada por su brutal negligencia. ¡Y pretende ser jefa del Ejecutivo federal abanicándose con el aire de Hillary! 
Es sencillo olvidarnos, entonces, de Ayotzinapa, Tanhuato, Tlatlaya, Apatzingán, Vallarte, etcétera, bajo el simplismo de que son cuestiones del pasado. Lo mismo que los crímenes de un ejército descontrolado bajo el fuego de los llamados “autodefensas” y de los sicarios que aprovechan las confusiones para avanzar en sus dominios. Es pasado, desde luego, la excavación sofisticada –realizada con técnica alemana por cierto lo que no sería posible sin la anuencia de algunos funcionarios mexicanos-, para construir el túnel por el que Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, escapó y aún no ha sido clausurado aunque éste ya fue reaprehendido y se queja de no poder dormir por el exceso de vigilancia, perros incluidos, como si pudiera él poner condiciones en su extendida telenovela tan bien aceptada por un auditorio impresionado por su mujer y su hija.



¡El tema está tan pasado que ya figura con estridencia en las pantallas chicas y muy pronto aparecerá en las grandes! De haber sido enviado al penal de Topo Chico, el propio gobernador de Nuevo León le hubiese abierto las puertas para que no fuera juzgado por su pasado rebosante de crímenes –más de mil, confiesa-. Hasta le daría la bienvenida, como alguna vez sucedió con el famoso “Goyo” Cárdenas a quien la Cámara de Diputados tributó una ovación por vindicarse luego de haber asesinado a cinco mujeres bajo el supuesto de volverlas a la vida, siguiendo el síndrome del perdón por el pasado una nueva modalidad jurídica, sin duda. 



Y no terminaría allí el señor Rodríguez Calderón, el mismo que nos hizo creer –a este columnista también- en sus intenciones de cambios estructurales; ya vimos cuáles eran estos en verdad: proteger hasta la ignominia a su pobre cuadro de colaboradores. (No dudo que al señalarlo llegará la parvada de pterodactylus, del Jurásico mexicano, listos a atacar las redes sociales para defender a su icono de cuanto dice y hace; es la ley impuesta por AMLO, seguida por peña y actualizada por el norteño. Será divertido analizar los “mensajes” de los hackers a sueldo).



Nos quedamos sin pasado por obra y gracia de Rodríguez Calderón. Los crímenes de la historia han sido suplantados por los retoños malolientes de la demagogia. Lo mismo la justicia que no tiene derecho a indagar cuestión alguna después de veinticuatro horas... cuando los hechos ya sean pasado porque los diarios ya hayan dado cuenta de ellos. ¿Será este el límite propuesto por el nuevo leguleyo con bronquitis mental?



Los fraudes electorales, sobre todo los de 1988 y 2006, deben guarecerse en los archivos de lo indeseable, de cuanto interrumpe el paso seguro de los mexicanos hacia el radiante porvenir. ¿Y si “El Bronco” hubiese perdido? ¿Sería también parte del pasado como lo es ya quien fue su rival, Ivonne Álvarez García, la priísta que creyó ganar por bonita?



El pasado, sí, es la actitud fascista de quien blinda a los suyos como si se tratara de miembros de la SS; la desvergonzada actitud para dirigirse a los medios, infamándolos grotescamente cuando señalan asuntos comprometedores para el mandatario intocable; el retorno a sus orígenes priístas antes de haber puesto en marcha alguna de sus promesas circunstanciales, mintiendo con rostro de conmiseración. En la política los farsantes deben ser señalados como fascistas... sobre todo si niegan el pasado, la historia misma, intentando reescribirlo y reeditarlo a su conveniencia perentoria. 



Debate



Es un momento oportuno para analizar el fuero constitucional. ¿Sirve para algo? Los últimos casos han sido productos de venganzas extremas. Por ejemplo, el ingeniero Jorge Díaz Serrano, quien había sido director general de PEMEX con estupendos resultados, llegó después al Senado, representando a Sonora, y acusado por un supuesto fraude por 35 millones de dólares como producto de la venta de dos buques. Lo desaforaron menos de un año después del inicio de su gestión, esto el 30 de julio de 1983, y fue mantenido preso, sin dictarle sentencia –lo que es inconstitucional- durante cinco años, mientras duró el deplorable régimen de miguel de la madrid, el rencoroso. 



Luego, la parodia de juicio de procedencia, en abril de 2005, contra Andrés Manuel López Obrador, resultó contraproducente y éste se convirtió en candidato presidencial en 2006 y, si bien se le defraudó con descaro, emergió como un líder de masas. Ni siquiera intentaron con enviarlo a la prisión... por construir una obra.


Vienen al caso sendos casos por la sinaloense, priísta claro, Lucero Guadalupe Sánchez, conocida como la “chapodiputada” precisamente por sus evidentes vínculos con el poderoso capo ahora en prisión. No hay forma de salvarla como no debiera haberla para exculpar al actor Sean Penn, epicentro de la trama peliculesca, a quien salva la protección malsana del gobierno estadounidense. Un héroe para el “pato” Donald Trump.


Con tales precedentes, ¿es necesario sostener el absurdo del fuero constitucional? Sencillamente no. Qué cada representante popular, incluyendo a gobernadores y al presidente de la República, respondan por sus acciones ilegales sin necesidad de estar blindados contra las leyes que juraron respetar. 



La Anécdota



Cuando se le pregunta a Andrés Manuel sobre las razones por las cuales se hace acompañar de personajes como manuel bartlett y pablo salazar mendiguchía, pese a sus historias negras, responde sin pensárselo dos veces:



--¡Esas son cosas del pasado! Hoy son útiles para lo que debemos emprender.



El pasado otra vez. El tipejo bartlett no sólo fue artífice del fraude comicial de 1988 –que le arrebató la victoria al Frente Democrático Nacional-, sino además sobre sus hombros recaen las autorías intelectuales de ochenta periodistas, entre ellos Carlos Loret de Mola Mediz y Manuel Buendía Téllezgiron. Y respecto a salazar existen 14 acusaciones penales por negligencia criminal y asesinato respecto a las muertes de 53 pequeños, abandonados, en el hospital de Comitán.



Pero, como es pasado, ¿qué importan los niños, sus madres, los mexicanos? Sean mil veces malditos quienes arropen estos crímenes sin nombre.
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Una cosa es innegable: seguimos viviendo en el pasado a falta de cambios estructurales. Quizá por ello vuelve a exaltarse la figura paternal de Porfirio Díaz Mori causante de millones de muertes entre los mexicanos; y no hablo sólo de las víctimas de la Revolución sino de muchos más caídos bajo la explotación vil de las compañías extranjeras por él protegidas. ¿Le perdonamos también por ser cuestiones del pasado?
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Editor

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