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Fecha publicación: lunes, febrero 29, 2016
Publicada por Neza Panorama Informativo

JOHN ACKERMAN: PROHIBIDA, PRESENTACIÓN DE SU LIBRO


El mito de la transición democrática, vigente en México

Invitado por la Universidad Intercultural de Chiapas (Unich), el doctor John Ackerman Rose debió de haber presentado su libro “El mito de la transición democrática” en la sala de Bellas Artes de la ciudad de San Cristóbal, destinada desde hacía dos meses para el evento.  De última hora se determinó que el lugar no estaba disponible para la presentación del libro, pero como en Chiapas todo les sale al revés a las autoridades, la negativa, con el intento de boicot, tuvo el efecto contrario.
Ocurrió algo nunca visto y que sólo en Chiapas puede suceder.  El doctor Ackerman hizo la presentación de su libro en plena calle.  Con ello, hasta transeúntes que no sabían de la presentación del libro tuvieron acceso a un evento al que no habían sido convocados.
De la lectura del libro de Ackerman se evidencia la incomodidad que para la clase política corrupta representa una investigación de ese tamaño en un país en el que la impunidad es el signo distintivo de cada acto de gobierno.  La corrupción es endémica y no tiene fin, y cuando se castiga el ejercicio público indebido de un funcionario obedece más a la lógica de la venganza que a los endebles intentos de honestidad.
En su libro, “El mito de la transición a la democracia”, se advierte que jamás tuvo lugar tal acontecimiento y que, por el contrario, resultó un fracaso: “La transición iniciada a partir de 2000 no fue hacia la democracia, sino la infiltración de la lógica priísta en todas las fuerzas políticas de la supuesta oposición”. “El retorno del PRI a Los Pinos en 2012 fue el resultado natural de este proceso y ha generado un desfondamiento total de la legitimidad de la clase política”.  Y como una premonición sentencia que solamente un movimiento político nacional, participativo y popular, podría resolver los graves problemas que hoy padece México.
A John M. Ackerman no le falta razón.  El año 2000, que pudo haber sido el punto de quiebre del sistema político mexicano, se resolvió en una transición en regresión.  La pobreza y la escasa cultura política del pueblo mexicano hicieron posible la entronización de un farsante como Vicente Fox;  71 años de PRI hicieron demasiado daño en una población inerte y desinformada.  En la lógica del imaginario colectivo se formó la idea de que bastaba con que el PRI cayera para que todos los males de México terminaran.
En menos de un año, la ilusión se desvaneció.  Vicente Fox, inepto, ignorante y sin los tamaños para gobernar, hubo de asirse a las instituciones autoritarias priístas, con lo que el autoritarismo, la represión y la impunidad siguieron tan vigentes como siempre.  No hubo un solo enjuiciado de la corrupción, con el agravante de que el poder unipersonal concentrado en el Presidente de la República terminó en una diarquía con síntomas de matriarcado cuando el  presidente Fox aceptó, públicamente, que el país era gobernado por la pareja presidencial.
A esa gravísima regresión se sumaron las aspiraciones presidenciales de Marta Sahagún, ya de Fox, y antes de Bribiesca, a la que la prensa mercenaria compararía con la argentina Eva Duarte de Perón.  Sólo en México pueden ocurrir esas cosas: Que una mujer despersonalizada, apenas con preparatoria terminada, que en 1998 atendía una farmacia veterinaria en Celaya, con severos problemas de dicción y con un nivel intelectual de un niño de primaria, ya para el 2002 se sentía la sucesora de su marido.
Lo cómico, y lamentable, es que se lo creyó.  Sólo que el puro anuncio de una candidatura presidencial a favor de doña Marta habría sido el anuncio del grave deterioro de la política en México.  Con todo, al amparo del poder presidencial, Marta Sahagún alentó y protegió los mayores actos de corrupción de sus vástagos Bribiesca Sahagún, todavía sin castigo.  ¿No es eso, acaso, una grave regresión?
Felipe Calderón, el usurpador de la institución presidencial y autor de la célebre frase “haiga sido como haiga sido”, dejó intactas las instituciones autoritarias priístas en beneficio propio y de sus más cercanos colaboradores.  Y no podía ser de otra manera.  Se benefició de la institución priísta más autoritaria: El fraude electoral, nada menos que para asaltar la Presidencia de la República y, desde ahí, solapar los famosos saqueos de César Nava en Pemex, como director jurídico, o los negocios de su íntimo Juan Camilo Mouriño para beneficiar a su familia desde sus tiempos de subsecretario de Energía.  El “delfín” Mouriño se dedicó a concesionar carreteras, playas y hoteles, y, desde luego, a aprovechar los negocios en  Pemex para beneficiar a las empresas familiares con el progenitor Carlos Mouriño Atanes a la cabeza.  ¿Acaso no es regresión?  Aprovechar la corrupción y la impunidad priísta para enriquecerse como medio y fin del poder.
Desde luego, colaboró en esa transición regresiva el Estado priísta.  Con 19 gubernaturas y presencia mayoritaria en el Congreso de la Unión pudo y tuvo la oportunidad de provocar y obligar a la verdadera transición que Vicente Fox y Felipe Calderón se negaron a completar.  La intención era obvia.  El PRI preveía el retorno a Los Pinos en cualquier momento.  El 2006, 2012 o 2018, pero siempre con la seguridad de que finalmente ocurriría, como para destruir lo forjado y consolidado durante 71 años.
En pequeña escala, el presidente municipal de San Cristóbal ejerció ese autoritarismo priísta para negar el acceso al lugar en donde presentaría su libro el doctor  John M. Ackerman.  Con esa actitud, en cualquier país democrático ya se promovería el desafuero de un edil tan arbitrario, capaz de agredir la cultura y el conocimiento, pero en el fondo tiene razón Marco Antonio Cancino González. Se protege a sí mismo por la forma en que fue impuesto como alcalde, de su indefinición ideológica y política, así como su tránsito de una opción política a otra.
Con el represor del ex gobernador Pablo Salazar militó en el PRD.  El bandido de Juan Sabines lo hizo diputado por la fórmula PRI-Verde.  Y hoy usurpa el cargo de presidente municipal postulado por el  partido Verde.
Y, desde luego, ese autoritarismo institucional le permite proteger, sin responsabilidad, a su antecesor, Francisco Martínez Pedrero, a quien se atribuye un peculado de 250 millones de pesos, pero eso será otro tema.  Ampliaremos…

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