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Fecha publicación: martes, marzo 17, 2015
Publicada por Martín Flores Contreras

INVASIÓN EN MARCHA


*Libreto y Adaptador
*Autoritarismo Agudo
Por Rafael Loret de Mola
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Desde que, de manera unilateral –esto es autoritaria-, sin mediar consulta con nadie salvo en petí comité y quién sabe, el presidente enrique peña nieto tomó la decisión de autorizar a los agentes extranjeros portar –y obviamente usar- armas dentro del territorio nacional, una flagrante violación a nuestra soberanía cabe subrayar en una de sus columnas sólidas, no se ha brindado suficiente información acerca del propósito máxime que no se dio ninguna negociación ni presión conocida en el ámbito internacional o binacional si nos referimos a quienes más interés tenían en ello: nuestros entrometidos vecinos del norte a los cuales nadie se atreve, en nuestro gobierno medroso, a decirles simplemente “no”. 
Pese a la desproporción que pueda parecer, en este sentido –el de la defensa de la soberanía- resultan admirables algunos mandatarios del cono sur y por lo ocurrido en las últimas semanas incluso el de Venezuela, con fama de mesiánico y falso santón –en su desesperación por poner su sello a la Presidencia y no ser sólo recordado como el sucesor de Hugo Chávez Frías-, al replicar a su par de Estados Unidos –aunque el término sea consecuencia de un lugar común y no de la realidad en donde la disparidad entre uno y otro, igual que entre sus naciones, es abismal-, en defensa de su soberanía y del acecho contumaz de la Casa Blanca que ni se guarda pretextos para dominar los yacimientos petroleros de todo el orbe. La guerra próxima, que espero no llegue, será por el agua no por el oro negro. 
A diferencia de su colega sudamericano, el señor peña ha caminado dando traspiés diplomáticos a cada rato. Primero, quiso exhibir a su antecesor, el blindado felipe calderón, revirtiendo el acuerdo soterrado para facilitar la “cooperación” de los marines estadounidenses infiltrados en la Secretaría de Marina, lo que no cayó nada bien al poderoso Barack Obama; después, ante las caras de tres metros del perentorio huésped de la Casa Blanca, torció su decisión y logró destrabar las maledicencias y campañas de lo del norte; pero no quedó allí: ahora, sobrepasándose, deja introducir pistolas al cinto –ojalá fuera eso pero igualmente el referente toca a las de muy alto calibre y armas con alto poder de fuego-, a los agentes, de todo tipo, esto es de la DEA, la CIA, la NSA y hasta los aduaneros con argumentos baladíes. En unos meses pasó de la dignidad a superar la indignidad de su predecesor inmediato. Pobre México que tolera a los mandatarios medrosos. 
El hecho es que el anterior es el primer síntoma, y muy serio, sobre la pretensión de declarar a nuestro país un “estado fallido”, roto el monopolio de la violencia –se entiendo por esto que sólo el Estado puede disponer de fuerza para defender sus límites territoriales y asegurar el orden interno-, y demostrada, por confesión de parte dirían los abogados así sea con eufemismos, la incapacidad oficial para contener el avance de las mafias organizadas aunque algunos funcionarios, se paren el cuello y se digan eufóricos, como el propio peña, luego de las aprehensiones de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, y Omar Treviño Morales, “Z42”, sucesor de su hermano, Miguel Treviño Morales “Z40”, capturado en Anáhuac, Nuevo León, en julio de 2013 y cabecilla hasta entonces de los célebres “Zetas” considerados los más sanguinarios de cuantos cárteles pululan sobre nuestro territorio para mantener los “balances”.
¡Falso, falsísimo que el gobierno estadounidense pretenda la extinción de los capos y del narcotráfico! Al contrario, sus agentes de inteligencia, sobre todo la CIA, mantienen los controles sobre la producción de los estupefacientes, su traslado y los pasos correspondientes a la Unión Americana, con horarios incluso, por las garitas previamente alertadas. ¿Y saben por qué? Ya lo habíamos expresado en otro trabajo: sencillamente, de desaparecer totalmente este caudal de drogas la economía norteamericana descendería entre un dieciocho y un veinte por ciento y la mexicana tres tantos más. Sería una catástrofe de proporciones mayores a las etapas de mayor colapso, como la recesión de 1929, y con una devastación financiera sin precedentes para el mundo entero. Así de sencillo y claro; de allí la falacia de las capturas de los viejos mandos, con fama pública, mientras prosigue el baño de sangre. Si no fuera tan dramático podríamos decir que éste es el negocio binacional más productivo de cuantos existen... a la par del contrabando de armas que administra el lagunero Jaime Camil Garza, decenas de veces denunciado por este columnista sin que siquiera podamos hacerle cosquillas. 
La crónica de la impunidad, en ocasiones, resulta un fastidio por la ausencia de seguimiento judicial a lo corroborado periodísticamente, desdeñado por cuanto a que se niega todo peso legal a cuanto se señala en los medios a la hora de los procesos, cuando se hacen, y las consiguientes sentencias. Estamos excluidos de la justicia porque, acaso, los críticos permanecemos en el círculo rojo a donde nos arrojaron los fox sin poder con ello callarnos. En una democracia cierta serían elementos de la mayor importancia probatoria.
En México se alega que la libertad de expresión es solamente un vientecillo desagradable que no altera el enorme edificio de la corrupción. Pero, a veces, cuando alguien se incomoda suceden los crímenes contra informadores que ya no son siquiera noticia por la reiteración de los mismos en casi todas las entidades del país. Nosotros somos culpables, por la desunión del gremio, de tantos infames acosos. Y por ello cunden los acechos y los asesinatos, lo mismo que los “levantones” sin importar género ni estatus. Todavía seguimos preguntando sobre el fondo de los homicidios alevosos contra colegas de la talla de Carlos Loret de Mola Mediz, Manuel Buendía Tellezgirón o Héctor “El Gato” Félix Miranda –este último atribuido, con abundancia de pruebas, al cacique de Tijuana, Carlos Hank Rhon-.
En esta época oscura el recuento es más dramático. Además de los periodistas, el número de víctimas en los asolados campos de batalla entre las mafias conocidas aumenta sin freno alguno. Se disimula lo necesario con ciertas capturas –la más ruidosa, la de “El Chapo” Joaquín Guzmán Loera, en febrero de 2014, quien se queja de las pésimas condiciones del penal del Altiplano, en Almoloya, por cierto cuna de peña nieto-, pero el balance tiene que mantenerse para proveer a los drogados norteamericanos quienes defienden su derecho a consumir para repeler las tensiones diarias, dese Wall Street hasta Florida con todo y su mundo mágico de Disney en donde los animales hablan y con ello certifican el absurdo de equipararlos con los seres humanos en derechos y privilegios incluso. (Cada vez es más difícil pasear a los niños por las calzadas aledañas a Chapultepec por la mierda de las mascotas que brota a cada paso y el hedor que emana de ella). 
Ciento sesenta mil muertos, sesenta mil desaparecidos –la mayor parte obviamente sin vida ya-, es parte de nuestra aportación a la par con la disimulada invasión que significa mantener personeros extranjeros armados hasta los dientes –es decir mejor pertrechados que los infelices soldados limitados por sus mandos-, y con derecho a “colaborar” con nuestras “autoridades” administrando aprehensiones, simulando muertes –el cártel del Paraíso, como le hemos llamado-, e imponiendo sus reglas a un gobierno desmantelado y con un hondo vacío de poder; y, sin embargo, de esta vulnerabilidad surge la prepotencia ante las demandas sociales y se pone en venta hasta el agua. México for Sale.
Desde 1999 denuncié –hace ya casi dieciséis años- el imperio armamentista de Camil; desde hace quince la tendencia a convertir a México en “estado fallido” para posibilitar la injerencia, sin explicaciones a los órganos internacionales como la limitada ONU, de la gran potencia del norte que, de hecho, nos ha convertido, como dijo en su momento el diplomático Adolfo Aguilar Zínser, en un traspatio para desechar sobre éste no sólo el material tóxico sino igualmente derramar la sangre ajena con tal de privilegiar a los drogadictos “útiles”, robotizados, al servicio del establishment. Por cierto, Aguilar Zínser murió, aparentemente en un “accidente” carretero viniendo de Tepoztlán, Morelos, el 5 de junio de 2005, dos años después de haberse negado a secundar, presidiendo el Consejo de Seguridad de la ONU, la invasión bélica de la Casa Banca a Irak. Son los hechos; las lecturas son de cada uno de ustedes. 
¿Y si un agente extranjero, con permiso de portar armas, asesina a un alto funcionario para aumentar la tensión y precipitar la injerencia? Olvídenlo... fue sólo un mal pensamiento. 
Debate
Uno de los signos del autoritarismo presidencial –acaso compensatorio de la vulnerabilidad patética, consecuencia de los vacíos de poder y, más aún, de las presiones de fuera-, es la penosa conversión de los legisladores priístas en adaptadores de libretos dictados por el consejero presidencial, Aurelio Nuño Mayer, quien se desempeña como jefe de la oficina de la Presidencia y cortado a la medida de los jóvenes pretensiones que rodean a peña nieto; con treinta y siete años de edad, además, y capaz de dar consignas “superiores” al experimentado Manlio Fabio Beltrones, anulado o mejor dicho resignado en espera del milagro de ser llamado para ocupar la secretaría de Gobernación en competencia con el actual subsecretario y favorito presidencial, Luis Enrique Miranda Nava, quien conserva el privilegio de hacer la primera y última llamada, sin intermediarios, al mandatario en funciones.
Libretistas, no legisladores. La señal de autoritarismo es más que clara para deshonra de las “instituciones” preservadas por la Carta Magna pero sin las funciones que allí se señalan para cada una de ellas. La última parodia, para imponer al accionista de Televisa y ex procurador calderonista, Eduardo Medina-Mora Icaza, como Ministro de la atribulada Suprema Corte de Justicia, fue de tal punto descarada que no deja lugar a especulaciones. La derecha camina en caballo de Hacienda. 
¿Y lo mexicanos? No sólo padecemos a un presidente rechazado, de acuerdo a las cifras oficiales, por el sesenta y dos por ciento de los sufragantes y tres de cada cuatro empadronados, sino que somos testigos del deterioro extremo de los otros poderes de la Unión. ¿No es momento de convocar a un plebiscito, quiéralo o no el gobierno peñista, de carácter popular que es determinante para señalar la legitimidad del mandato de cada uno de los miembros de la clase política tan venida a menos?
La Anécdota
Los fuertes no requieren ser autoritarios porque saben cómo ejercer el poder, salvo los dictadores que se imponen con la solidez de los fusiles como declaró, alguna vez, Zhou Enlai –lo escribo de acuerdo a los nuevos cánones, no como nos enseñaron en las aulas: Chou-en-Lai-, alegando que eran los únicos sostenedores de la soberanía. 
Pero son los más débiles, desde el altanero Nicolás Maduro hasta el aprendiz de aristócrata, peña nieto-, quienes viven a costa de desplantes y bravuconadas para imponer reglas que luego pasan y nada dejan. Digo, como las reformas peñistas. Alguna vez gustavo díaz ordaz declaró:
--Hablan de cambio, sí. Está bien. Pero primero díganme con cuales instituciones vamos a reemplazar a las que ya tenemos.
La respuesta ahora me resulta bastante fácil. 
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¿Y LOS MEXICANOS CÓMO VAMOS A CUIDARNOS? LO EXPRESÓ, EN TIEMPOS DE MIGUEL DE LA MADRID, EL GENERAL RAMÓN MOTA SÁNCHEZ: “NO PODEMOS PONER UN POLICÍA DETRÁS DE CADA CIUDADANO; DEBEMOS APRENDER A CUIDARNOS SOLOS”. BIEN. ¿TENDREMOS DERECHO A PORTAR ARMAS COMO LOS EXTRANJEROS?

Editor

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